Ser soltera: Divorciada, Dos veces.

Divorcedtwice

El artículo de hoy fue escrito por Amanda Smith. Su sabiduría y belleza viene de años de gracia, de dolor y de entregarse por completo a Dios. Amanda bloguea en Amanda Smith Runner y twitea en @runninmandy. Como nota aparte, ¿eres soltera? ¿estás teniendo dificultades en el proceso? Considera aceptar la mentoría de alguien, o convertirte en mentora. Encuentra una amistad real y genuina para amarte y amar a otros en los procesos de la vida. — Lauren

Sí, me he divorciado. Dos veces.

Sí, es terriblemente vergonzoso para esta chica que nunca pensó que se divorciaría ni una vez.

Sí, es muy difícil escribir este artículo, pero hacerlo me libera a mí y a otras de la vergüenza.

No entraré en detalles acerca de cada unión. Son temas privados y no son importantes para lo que les estoy compartiendo.

Dos divorcios. Un alma quebrantada. Dos hijas pequeñas. Una vida que vivir.

Comencé esta jornada a los 22 con tanto amor para dar, que me sentía explotar. Recuerdo haber pensado, “Nunca más estaré sola”, mientras desfilaba con mi traje de novia luego de la ceremonia. Estaba equivocada.

Una mujer nunca puede determinar correctamente su jornada sola. Está a la misericordia de Dios, y a la misericordia de otros, sin importar cómo luche contra ese proceso.

Para el momento en que cumplí treinta, ya era una esposa co-dependiente de un adicto, y peor aún, una chica desgastada. La primera vez que caí en cuenta de mi situación fue un día al sonar el despertador. Me senté en el lado de mi cama y pensé, “Estoy cansada. Estoy físicamente, emocionalmente y espiritualmente desgastada. No puedo ni recordar los últimos cinco años de mi vida. No puedo resistir esto un día más”.

Me encantaría decir que fue un proceso limpio y que salí de ese matrimonio completamente libre de bagaje o heridas. Pero todos sabemos que el divorcio sencillamente no es así.

Me entregué completamente a buscar ayuda psicológica. Luché como nunca. Redescubrí mi vida,  mis memorias, y cómo vivir sola como una madre soltera.

Pensé que lo había logrado, pero en lo profundo, sabía que me estaba mintiendo. El deseo de tener compañía era muy grande. Era un deseo que devoraba mis noches, que me empujó a mi menor peso en diez años, a estar muy pendiente de cómo lucía físicamente, y a necesitar ser exitosa.

Conocí a mi segundo esposo, y nuevamente me dije, “La vida AHORA será mejor. He pagado mis deudas. Nunca volveré a experimentar AQUEL tipo de dolor y pérdida.” De esta forma, adorné mi realidad. No escuché a mi voz interior. Me hice de la vista larga. Otra vez. Me equivoqué.

(En este punto, permítanme dejar claro que NO estoy abogando a favor del divorcio de ninguna manera. Amo a los hombres, y sé que hay hombres maravillosos. Me gustaría haber podido vivir eso. Pero mi historia resultó ser diferente.)

Cuando ocurrió el segundo divorcio, algo completamente diferente ocurrió. ENTENDÍ. Por fin, entendí la lección de Dios.

Nadie puede reemplazar la relación entre él y tú. Fui libre. De ninguna manera esto quiere decir que manejé todo con gracia y comprensión. No fue así. Fallé, herí, y todavía lo hago en ocasiones.

Mientras manejaba a mi casa hoy, sentí una paz sobrenatural en mi alma. Nunca antes había sentido esa paz. Nunca había experimentado esa felicidad interior como la disfruto estos días.

Pensé, “Wow, Señor… Todo este tiempo tú estabas tratando de enseñarme mi propio valor. Lo que valgo para ti, más allá de lo que valgo para los demás…”

Es un posibilidad extraña para una mujer considerar vivir su vida sola. Lo entiendo. Nosotras amamos amar. Amamos las emociones. Créanme, soy la reina de eso.

El amor es maravilloso. Pero este es el asunto, si estás soltera, ¿quién dijo que el amor sólo puede llegar a través de un encuentro romántico? He aprendido que recibo amor de tantas formas. En tantas diferentes relaciones. En maneras que son más libertadoras y más gratificantes. No tengo que ser completada más allá de mí misma.

Escúchame bien: Mañana puede que tenga un mal día. Mañana puede que tenga que ir a un evento en la escuela de mis hijas, y puede que desee tener un esposo que me acompañe. Pero, ¿en lo profundo? Estoy enamorada de mi vida.

Dios me libertó. De una forma no-convencional, muy vergonzosa y difícil, recibí mi sanidad. Esa sanidad es continua, y aunque me tropiezo una cantidad asombrosa de veces en esta senda difícil, sé que Dios es el único camino para mí.

He dejado de hacer cosas que no quiero hacer. He dejado de vestirme para atraer hombres.  He dejado de criar a mis hijas de acuerdo a la opinión de los demás, y he optado por confiar en mi criterio y el de Dios. He dejado de hacer dietas como loca. He aprendido a ESCUCHARME y a escuchar a Dios.

En resumen, he aceptado mi vida… Me he aceptado a mí misma… Lo he aceptado a ÉL.

He descubierto y continúo descubriendo la persona que fui creada para ser. Aunque suene trillado, el Señor es mi amado. Él es mi paz. Él es mi alegría.

Yo no soy perfecta. A veces no hago mis devocionales, y suelo incumplir con mis tiempos de oración más veces de los que quisiera. Me tropiezo más de lo que corro. Ingiero más comida de lo que corro. Pierdo mis llaves, y me pierdo en el camino.

Pero, ¿no es esa la belleza de todo esto? No tenemos que ser perfectas. Sólo tenemos que ser de Él. .

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